VIVE LENDO

VIVE LENDO
José Gómez Posada Curros 1 3 6203 .VIGO Ilustración: Alexandre Rampazo

lunes, 29 de octubre de 2012

CELEBRANDO O SAMAÍN

Deixo nesta entrada a contribución de dúas alumnas do 1º de Bacharelato D a celebración do Samaín.




_La vida puede ser exitosa, pobre, dura, cruel, maravillosa, excitante, difícil, oscura; pero, siempre será corta, eso es algo que deberías haber previsto.

_Soy demasiado joven, has llegado muy temprano.

_La muerte no llega ni temprano ni tarde, tan solo llega y, cuando eso pasa, el tiempo se detiene.

_Haré lo que sea por algo más de tiempo.
_El tiempo para mí no existe

Los ojos negros, hundidos, del hombre lanzaron al aire una mirada desesperada, atormentada, afligida; contemplaba los muros húmedos que le rodeaban, encerrándole en aquella inmunda prisión; el deleznable guiñapo sopesaba sus opciones para evitar continuar con aquel pánico que le atenazaba el alma. El nerviosismo y la desesperación  hacia que apenas pudiese  tenerse en sí, pero necesitaba llegar a un acuerdo. Apretó las uñas contra la palma de la mano, atribulado, abatido dejó que sus labios titubeasen una última suplica.

_Pídeme algo
El rostro bubónico, enjuto, en su mayor parte descompuesto, miró hacia el vano de la ventana enrejado de aquella prisión; con aquella capa no se le veía más piel que la cara y las manos, y era suficiente. Las cuencas vacías de sus ojos miraron hacia el cuervo posado en el alfeizar, que lanzaba algún graznido de tanto en tanto.
_ Echa al pájaro- ordenó con una voz a medio camino entre la bestia y el humano.
Señalaba con la hoz, en la otra mano portaba un pergamino arrugado y  viejo. El hombre, temeroso, titubeante, vaciló un segundo, pero terminó por acercarse al ventanuco; miró hacia las cuencas vacías. La Muerte le devolvió la mirada.
Con abruptos movimientos consiguió echar al ave negra. Pero tan pronto el ave alzó  el vuelo el hombre cayó sin vida como un vulgar monigote, su negra alma salió como humo negro y la Muerte, con un golpe de hoz terminó con la inmunda existencia de aquel pobre desgraciado.

Una respiración agitada hizo que Muerte se volviese; un hombre robusto, rubio, con uniforme, respiraba de forma agitada, había palidecido, había visto toda la escena, permanecia de pie, al otro lado de las rejas , atónito.
Con paso lento, casi como si levitase, la muerte se acercó a los barrotes, la cara del carcelero estaba a escasos centímetros de los retazos de piel maltrecha de la Muerte. Lo único que el carcelero quería era huir, correr y ponerse a salvo de aquella bestia horrenda; pero su pánico era tal que las piernas no le respondían, tan solo podía mantener su posición, pegado a los barrotes de metal, observando cada fragmento de la cara de aquel ser del averno . El hedor que desprendía era tal que provocaba nauseas, era el olor de la muerte y la sangre coagulada, era el olor propio de un cuerpo en descomposición. La Muerte de acercó tanto a él que notaba como la tela raida de la capa rozaba el dorso de su mano; la sangre le bombeaba a un ritmo frenetico, sentía sus propios latidos en los oídos. Aquel ser se quedó así, parado, muy cerca de él; parecía observarle con detenimiento, y tras unos segundos pronuncio, arrastrando las palabras, con una voz gutural.

_Regresaré pronto.


 Imagen: Fátima Vázquez Lires 1º BAc D
 Texto Jenifer Ageitos Teira 1º Bac D

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